Antonio Linares de Madrid
Durante toda la entrevista, Antonio se centraba en la importancia que supuso la Guerra Civil y la posguerra en la formación de su carácter y la modelación de sus ambiciones personales. La guerra, aunque dura y cruel, dejó una marca positiva en Antonio: haber aprendido a luchar y trabajar con constancia y dedicación, sin darse nunca por vencido (enseñanzas que pudo aplicar en su estancia en la mili, donde conoció a Muñoz Grandes), pues siempre hay un futuro mejor esperando. Pese a la difícil situación, Antonio pudo llevar una infancia relativamente feliz junto a su familia en Vitoria, pero siempre marcada por la ausencia de su padre y el desconocimiento de su paradero y estado, pues este se había quedado atrapado en Madrid por la dificultad del traslado hasta Vitoria. Con su regreso a Madrid y su entrada al Tribunal Supremo comenzó para él una nueva etapa, mucho más enfocada en su papel profesional. No obstante, aunque abandonó su vocación seminarista, su vida religiosa rellenaba en él un importante hueco. Gracias a su matrimonio y el nacimiento de sus hijos (y, más tarde, el de sus nietos) volvería a centrarse en su papel familiar, retornando a una paz y felicidad mucho más profundas. Hoy en día, sigue ayudando a familiares que han heredado su afinidad por el Derecho y permanece informado de las noticias más recientes, preocupado por el bienestar futuro de su familia.
Guerra Civil española
Transición a la democracia