Blanca Montero
Referencia: FND-002/01/43
Resumen de la entrevista
Tanto la madre de Blanca como la de Julio eran amas de casa, aunque sus padres tenían ocupaciones diferentes: el padre de Blanca era tratante de ganado, mientras que el de Julio era funcionario. La trayectoria educativa de ambos estuvo muy marcada por el contexto del franquismo y por la presencia de la religión católica en la escuela. Blanca asistió entre los dos y los siete años a un colegio católico privado, un “colegio de monjas”, del que conserva un buen recuerdo. Después pasó a una escuela pública entre los siete y los diez años, aunque, como ella misma señala, lo público también estaba atravesado por el catolicismo, ya que “en lo público aquí era del Estado y el Estado estaba a favor de la religión católica”. Afirma que nunca fue pegada ni en la escuela privada ni en la pública, aunque sí recuerda que otras alumnas lo fueron, y comenta que el trato de la maestra podía depender de la posición económica de la familia. Julio también asistió a una escuela católica y recuerda que podía haber castigos físicos, aunque no los describe como especialmente violentos, sino más bien como llamadas de atención.
Entre los diez y los diecisiete años, Blanca estudió interna en Santander, porque en Frómista, el lugar cercano a Palencia donde vivía, no había más oferta educativa. Aunque el centro era público, tenía capilla, instalada en un “edificio confiscado”, y estaba asociado a la Sección Femenina. Julio, por su parte, estudió en una escuela pública católica. Durante su infancia y adolescencia, el sistema educativo público seguía siendo el del régimen, aunque a partir de los años ochenta, cuando terminaron la secundaria, comenzaron a desaparecer los sacerdotes como directores y las escuelas se hicieron mixtas. Blanca estudió después en la Universidad de Santander, donde recuerda haber hablado mucho más de la Transición, del régimen y de las protestas estudiantiles que durante su niñez. En primaria y secundaria habían estudiado sobre todo desde la Prehistoria hasta Alfonso XIII, Primo de Rivera, la Guerra de África y algo de la Guerra Civil, explicada desde una perspectiva muy marcada por el franquismo: “los dos bandos, el bueno, que era el de Franco, y el malo, que era el de la República”. Sin embargo, Blanca insiste en que sus educadoras fueron para ella “como unas segundas madres”, chicas muy jóvenes de entre diecisiete y veinte años, y que nunca se sintió maltratada ni adoctrinada. Reconoce que cada persona cuenta la historia según le fue, pero afirma que en su caso gozó de bastante libertad y que no considera que aquella fuera una mala época de enseñanza, aunque tuviera fallos.
Ambos coinciden en que no estudiaron en profundidad la dictadura ni la Guerra Civil, quizá porque no se les daba la importancia que tenían o porque, siendo jóvenes, sus preocupaciones estaban más centradas en sacar buenas notas y conseguir un trabajo. Blanca estudió Económicas, pero explica que en aquella época era muy difícil llegar a puestos directivos siendo mujer y, además, había pocas empresas. Comenzó trabajando como sustituta y después se dedicó durante treinta y dos años a enseñar Bachillerato. No se considera una maestra vocacional, sino alguien que asumió la enseñanza como un trabajo que ofrecía estabilidad, un salario fijo y vacaciones al tratarse de una plaza funcionarial. También ayudaba a sus estudiantes a prepararse para la Selectividad, el examen de acceso a la universidad.
Blanca reflexiona ampliamente sobre los problemas del sistema educativo español. Critica que las reglas educativas cambien cada vez que cambia el partido en el gobierno y considera que eso ha provocado una excesiva politización de la educación. Recuerda que, al comienzo de su carrera como jefa del departamento de Economía, había apenas seis hojas de normativa, mientras que al final había más de cien, lo que para ella demuestra un exceso de burocracia y administración. También menciona los largos debates sobre si la religión debía enseñarse como asignatura independiente o integrarse como contenido dentro de otras materias, aunque considera que ese no era el principal problema del sistema. Explica que, en el proceso de universalización de la educación, el Estado no contaba con suficientes edificios públicos ni recursos, por lo que muchas escuelas públicas tuvieron que utilizar edificios religiosos. Al principio, esos centros funcionaban casi como escuelas privadas, pero con el tiempo, a medida que el Estado tuvo más recursos, las escuelas religiosas concertadas tuvieron que ajustarse a los estándares públicos, aunque mantuvieran prácticas como la misa. Blanca cree que las concertadas deberían haberse eliminado en favor de una red completamente pública, aunque también reconoce que existen más problemas en la enseñanza pública que en la concertada. Considera que las escuelas públicas pueden ser muy prestigiosas y critica cierta inflación de notas en algunos centros privados, donde algunos estudiantes simplemente “acaban aprobando”.
En su labor docente, Blanca afirma que intentaba presentar todos los lados de la historia y de la economía, explicando los pros y contras de los modelos liberales, neoliberales, socialistas o comunistas, sin introducir su propia ideología en el aula. Según ella, cuando era estudiante los profesores tampoco compartían sus ideas políticas ni intentaban adoctrinar, y ni ella ni Julio se sintieron adoctrinados. Defiende que la ley educativa marca unos contenidos estatales sin contenido político explícito y que el margen del profesor está en cómo enseñar dentro de esos límites y en la elección del libro de texto, que en general considera poco politizado. Sobre la asignatura de religión, señala que no se calificaba de la misma manera por la controversia que generaba, pero sostiene que no se puede comprender la historia de España sin conocer la historia de la religión, aunque distingue claramente entre enseñar historia religiosa y adoctrinar en una fe. También recuerda que en mayo había misa diaria, no obligatoria formalmente, aunque sí existía cierta presión social para asistir.
Finalmente, Blanca subraya los grandes cambios experimentados por la educación española: el paso de escuelas separadas por género a escuelas mixtas, la posibilidad de elegir entre misa o estudio, la transformación del papel de la religión y los intentos de adaptar la escuela a una sociedad cambiante. Sin embargo, considera que el sistema educativo español siempre va por detrás de la realidad social y profesional. A su juicio, no estuvo preparado para la llegada de inmigrantes ni para responder con rapidez a las necesidades del mercado laboral: cuando la sociedad demanda ingenieros, el sistema forma sanitarios, y cuando ya hay ingenieros, la sociedad necesita otra cosa. Por ello, concluye que cambiar la enseñanza exige mucho trabajo para quienes enseñan y que al sistema educativo español le cuesta mucho adaptarse.
Temas Tratados
Equipo de entrevista
Imogene Ostrom(Principal)
Alumno/a UC3M
Cómo citar esta entrevista
Montero, B., entrevistada Imoegene Ostrom el 23 de marzo de 2026 en Madrid, vocesdelpasado-uc3m, FND-002/01/43
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